Mesa. Daniel Risso Patrón. "Maestro de la licencia poética".

 



Me convidaron a presentar la obra de un Poeta, un gran narrador y recitador también, con quien hace ya varios años iniciamos un diálogo especialmente entre autor y lectora (eventual correctora), y que para mí significó el descubrimiento de una voz sorprendente, por única, por conmovedora, capaz de trasladarme a un terreno literario desconocido para mi propia estructura mental. "¿Esto se puede?" me preguntaba,  "¿esto se puede decir así?" (El corcet de las normas gramaticales de 'los normales', como decía por la noche Darío Z en el escenario de la plaza Alsina).

Es que Daniel Risso Patrón es un maestro de la licencia poética. La licencia poética para él no es un recurso literario. Es su mirada, su modo de entender la vida, lo cotidiano y lo profundo, el dolor, el amor, el humor. 

Cuando me mostró sus primeros textos alguna vez, le pedí por favor que siguiera escribiendo. Lo alenté a que sugiera escribiendo y esperaba sus publicaciones.

Lo hice por mí. Porque necesitaba leerlo. Porque necesitaba saber que existía esta, su poesía, sus cuentos y relatos. 

"Improvisemos" me dijo unas horas antes de la presentación y me reí, porque me di cuenta de que Daniel es como un músico de jazz que puede improvisar porque conoce la materia, pero que no es nada improvisado.

No por casualidad uno de los epígrafes que acompañan su obra dice:

"Lo que voy a escribir, seguramente,

ya debe estar de algún modo escrito en mí.

Lo que tengo que hacer es copiarme

con una delicadeza de mariposa blanca".

(Clarice Lispector)


Este epígrafe compone un libro diseñado integrarme por el autor, que también es diseñador gráfico, para el que eligió el blanco como color de tapa, tipografías simples, la palabra 'mesa', una imagen sugerente, un diseño de internas en el que cada poema es además una composición en el espacio delicadamente trabajada, pensada. 

Los originales de este segundo libro de Daniel Risso Patrón llegaron a mis manos en marzo de este año, en plena pandemia triste y dolorosa, a un año de un confinamiento necesario y también difícil, habiendo vivido, como humanidad y cada quien en lo personal, situaciones en muchos casos extremas para el corazón y para la mente. También para el cuerpo. 

Y para alguien como yo que busca asilo en la poesía, 'mesa' fue un hallazgo que vino a rescatarme, cuando al decir de Clarice son "palabras que nos salvan cuando las leemos distraídamente".

Por eso agradezco, Daniel, tu poesía, la maravillosa lectura en voz alta que nos regalaste, y celebro la existencia de este libro.


Iris Giménez

Presentación de Mesa, noviembre 2021. Feria del Libro. Viedma, Río Negro.





PRÓLOGO de 'mesa'

Los poemas de Daniel Risso Patrón dicen: “las curvas de mi alma”.

Sus palabras cobran vida cada vez que recorremos las páginas en las que están escritas y nos salvan, cuando -al decir de Clarice Lispector- las leemos distraídamente.  

El poeta quiere que sus poemas hablen de ventanas, de palomas, de hijos, de puertas pintadas, de caminos de tierra, de lluvia, de perros mojados, de caballos lentos, de plumas…, y que “parezcan que no digan nada”. 

Quiere que hablen de mesas y quiere una “que tenga madera buena”, “con patas de mesa-árbol a la tierra/que vengan surcos de agua/ que la rieguen”; y quiere “...papeles arriba/papeles que cuenten cuentos/cuentos crudos, de certeza”. 

Daniel habla con voz propia y una profundidad insondable. 

Habla desde el silencio, desde la soledad, desde la oscuridad de las “sombras reales”. Desde el amor urgente. Desde el recuerdo del “beso concreto”. Desde el deseo de ser nube, viento, hombre. Nombre. Desde el olvido de sí mismo. Desde el pétalo de una flor, que es él mismo. Desde la maquinaria de la mente lúcida que se vuela como un globo hacia el sol. 

Habla desde el fuego ancestral, prehistórico, hasta Dios.

Para quienes buscamos asilo en la poesía, “mesa” es un hallazgo de valor arqueológico. Celebro su existencia. 

Iris Giménez. Viedma. Abril 17, 2021



mesa


quiero tener una mesa

que tenga madera buena

en cuatro patas con tierra

quiero que esté clavada

a la tierra de este mundo

quiero patas de mesa y polvareda


cuando la mesa este ahí

quiero papeles arriba

papeles que cuenten cuentos

cuentos crudos, de certeza

y que la mesa sea atada

con patas de mesa-árbol a la tierra


que vengan surcos de agua

que la rieguen, 

quiero mesa-polvareda

sauce-río y siempre tierra

que tenga manchas de todo

más que mejor, mancha é risa

pero así también 

que haya lágrimas y plumas 

y quejidos de mosca en mi mesa,

que haya manchas de comida

manchas de amor, mejor

y también las doloridas

y que todo eso

no importe,

no importe


porque mi mesa-árbol

todo se lleva,

mojado de verde-lluvia, 

hacia allá, se lleva

aguaverde que no vuelve

hacia arriba



cita

se podría apurar
el colectivo este 
que quiero verte
que quiero verte
se podría apurar
la cinta asfáltica
no tanto detenerse

se podrían dejar
de subir personas
al colectivo este
se podría por ejemplo
correr el eje del mundo
colapsar el tiempo un rato
que quiero verte

medio ya, medio ahora
sentado acá
yendo hacia allá
hacia tu voz de rulo
beso caracol
pelo oscuro
que cambie el clima
no me importaría

que tengan frío los calientes
que mueran los fríos
asfixiados de sol indemne

bien podría
apurarse el tiempo un toque
quince minutos menos
de rotación terrestre
que mueran flores colectivas
que quiero verte



pétalo

un pétalo se desprende
de la flor
que es uno mismo
uno es una margarita
o alguna otra flor
uno mismo es una flor
y un día
un pétalo de mí
de la flor
se desprende
vuela solo,
se va
yo flor agarrada
a la tierra
le veo irse
a mi pétalo ilusión
fijo a la tierra quedo
digo
hermoso pétalo
te extrañaré, sí
que veo que te lleva el viento
que veo
que te gusta el latir del viento
eso es, pétalo
las flores
también
queremos al viento
que te lleva
que te vas
que te quiero,
pétalo




yo en la selva mora

yo en la selva mora
vide el ángel que miente
vide arcángeles, serpientes
vide rocas, fuego, muerte

vi los rostros penitentes

yo de roca, yo de fuego
yo de ángeles que mienten
vide los ojos cosidos
vide rostros mal nacidos

vi los rostros penitentes

en la selva mora yo
vide un dios traidor colgado
vide yo rota la mente
vide vírgenes dementes

vi de más
vide rocas, fuego, muerte
vide arcángeles, serpientes
vi de más:

vi los rostros penitentes




genios espontáneos

yo anduve una vez un mundo 
donde a cada rato me encontraba
con genios, era un ¡plop!,
por ejemplo ibas por la calle de las flores
y te gustaba una margarita
-esa belleza sencilla, esa gigante-
la flor con el copo amarillo
y los pétalos blancos y de repente
¡plop! ¡aparecía un genio!
y me decía una frase absolutamente
genial y entonces fue el tiempo
donde yo amaba las margaritas
y  apreciaba el mudo olor de las margaritas
y apreciaba a aquellos genios
que me decían frases maravillosas
para aprender algo que yo no sabía

algo parecido ocurría con la cocina
por ejemplo si tenías hambre
y te mezclabas una espinaca con unos huevos
y te daba por comer ajo
¡plop! aparecía el genio y me decía eso
que quede claro que esto ocurre
con el ajo y la albahaca, ¡plop!
y me decía eso, aquello, ese genio
y siempre así,

cuando subía a la bicicleta, ¡plop!
cuando tocaba la puerta para ver a mi amada ¡plop!
cuando me agradaba el aire del verano
y me quedaba mirando, tildado, el rocío
de la tarde ¡plop!
cuando me subía a los colectivos
y en vez de un boleto ¡plop!

genios por todos lados había 
y me decían eso: esa genialidad

una pena que no me acuerde

es que aparecían a cada rato
¡plop!

si algún genio espontáneo
leyera esto les sugiero
que no aparezcan tan seguido
que me dejen gozar
de las margaritas, las tardes y el ajo








2 comentarios:

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